Monumental, querido Watson

El Coliseo de Roma, el Big Ben, la gran manzada de Nueva York… son sitios más que vistos, la gente ha pasado por ellos una y mil veces, ya sea en persona o visualmente, puesto que la televisión nos los ha mostrado una y mil veces.

Hoy, os traemos los monumentos menos conocidos, frecuentados y por qué no decirlo de alguna manera, peculiares. Catedrales, estatuas o edificios recargados de elementos decorativos, ya sean del gótico, románico o modernismo, de ellos están plagados nuestras ciudades y pueblos. Si estás harto de ellos vente a dar un paseo por el camino del bizarrismo monumental.

Las escaleras siempre ha sido un elemento olvidado de la arquitectura, están ahí, tienen su funcionalidad para subir al piso de arriba pero nada más allá. Pocos les han dado un toque artístico y se han preocupado por hacer el ascenso un poco más ameno. A lo sumo, las balaustradas sí se las ha atendido y dotado de cierto porte pero al ser un elemento repetitivo tampoco se repara mucho en ellas.

A dónde quiero llegar con esto, es muy sencillo, nadie se ha planteado hacer de las escaleras una parte del monumento que resalte y brille con luz propia. Sin embargo los alemanes son gente distinta, en Duisburgo se han propuesto romper este esquema. Tigre y tortuga lo llaman a una escalera que no lleva a ninguna parte, con forma de montaña rusa con sus loopings y todo.

Si seguimos en el norte de Europa, los belgas han decidido hacerle un homenaje a otro elemento doméstico más del día a día. Las hay de madera o plástico, últimamente parece que los fabricantes han preferido variarles la forma y no seguir con el prisma rectangular con hendiduras común de toda la vida. Les hablo de la pinza, esa que cuida de que nuestro vecino no husmeé en nuestra ropa interior. Pues en el Parque escultórico Chaudfontaine al artista Usel Mehemet se le ha ocurrido que lo que ahora sujeta es la corteza, la cascara de La Tierra.

Si el cuadro de Felipe V boca abajo de Xativa se nos queda corto, en las antípodas fueron más allá y en Melbourne, en la Universidad La Trobe, el artista Charles Robb quiso esculpir al gobernador que da nombre a la universidad, de una manera inusual para protestar contra el significado que se les da hoy en día a los monumentos. Si queréis seguir este viaje, podéis ver aquí otros tantos monumentos inusuales.

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