Destino: el ocaso. El Algarve

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Fuente: bigchus

El buen viajero no es únicamente el que sabe escoger el mejor destino, también es el que sabe exprimir los encantos de los lugares que visita, vaya a donde vaya. Para llevar a cabo esta hazaña, no es necesario viajar miles de kilómetros ni adentrarse en misteriosos destinos; en muchas ocasiones, aquello que andamos buscando para saciar nuestras ganas de aventura y de pasarlo bien está esperándonos a la vuelta de la esquina. Y es precisamente en una de las esquinas de la Península Ibérica donde podemos encontrar uno de los destinos con mayor encanto: el Algarve de Portugal. Se trata de la zona más meridional del país vecino, haciendo frontera con Andalucía, de ahí su nombre (proviene del árabe al-Garb, que significa Occidente, haciendo referencia al occidente de al-Andalus).  Es uno de esos lugares que tiene reservado su sitio para cualquier tipo de viajero, sea cual sea su perfil. Cuenta con kilómetros y kilómetros de costa, numerosas playas y calas, y unas zonas de acantilados que son un verdadero regalo para la vista.

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Fuente: amaianos

La población autóctona es perfectamente consciente del carácter turístico del lugar, por lo que se puede contar con una amplia oferta de planes y alojamientos a lo largo de todo el litoral. Esta característica hace que el Algarve recoja cada año a miles de personas de todas las clases y lugares. Es decir, que si uno busca lujos y comodidades, encontrará lo que quiere, pero si lo que uno prefiere es montarse un plan lowcost, también encontrará la manera. Además, la proximidad de laregión con nuestro país ha creado un vínculo especial, por lo que la gente de allí suele estar familiarizada con nuestra lengua, lo que facilita en gran medida la comunicación para lo que pueda hacernos falta.
Las numerosas playas y pueblos invitan a hacer ruta, por lo que siempre es de ayuda contar con un coche de alquiler para facilitar el movimiento. Las playas de Tavira no son un mal lugar donde comenzar. Se trata de una isla a la que hay que acceder en barco, el cual cumple con un horario continuado para todos los que quieran entrar y salir. El trayecto dura 5 minutos y el precio es de 1 euro por persona. Allí nos encontramos una zona de camping y una playa de arena fina perfecta para pasar el día tostándonos al sol. Por las noches, cuando la mayor parte de la gente abandona el lugar, algunos aventureros optan por pasar allí la noche y montarse su propia fiesta al aire libre.
De los distintos pueblos que uno puede visitar, Faro es la capital y es genial para los que deseen alejarse del turismo masivo, ya que se encuentra alejado de las playas más concurrentes y reúne las características de una pequeña ciudad con historia y encanto. Por el contrario, si lo que andamos buscando son locales rebosantes de vida, bares, discotecas, etc., la Albufeira es el lugar preferido por los jóvenes para salir y vivir la noche. Y siguiendo este recorrido, aproximándonos cada vez más a la parte más occidental del Algarve, nos encontramos con Sagres, una de las zonas más desconocidas de la región pero a la vez una de las de mayor belleza natural. Aquí encontraremos la parte de la costa menos masificada, que con el tiempo se ha convertido en un de los destinos favoritos para surfistas experimentados. Y es en esta zona donde podemos encontrar uno de los espectáculos naturales más peculiares del mundo. No es exageración. En el extremo sur-occidental, a 3 kilómetros de Sagres, donde se acaba el camino y sólo queda un basto océano que se extiende hasta el horizonte, nos encontraremos el Cabo de San Vicente. La visión y el ruido que ofrecen las olas al romper contra los acantilados sugieren una mezcla entre terror y admiración, dotando al ambiente de una belleza singular difícil de encontrar en otro sitio. Allí, en lo que podría considerarse “el fin de Europa“, las gentes acuden a la hora del atardecer para ver cómo el sol se derrama sobre el Atlántico, sumiendo en una tenue oscuridad el faro que contempla el infinito desde el extremos de este montículo rocoso. Es tal la espectacularidad que se desarrolla ante los ojos de los curiosos que acuden allí, que se hace imposible reprimir un impetuoso aplauso al acabar la función. En serio, la gente aplaude la puesta de sol, ¿dónde más sucede algo así?
Tener esta oportunidad tan cerca de casa y no aprovecharla tiene delito. Portugal esconde infinidad de rincones y secretos que muchas veces pasamos por alto por culpa de la proximidad y nuestra incapacidad de valorar lo que tenemos más a mano. Una pena, aunque, visto de otra manera, los encantos de un lugar residen, muchas veces,
en la exclusividad de ser disfrutada por solo unos pocos.